Cuando aquellas personas que queremos y admiramos se marchan no hay nada que pueda frenar el dolor y la desesperación, ayer despertaba en Alicante con la noticia de que José María Íñigo nos había abandonado, un golpe al corazón y a la razón. Al que siempre he llamado “MAESTRO” se nos va después de luchar dos años con el monstruo que es el cáncer, al que no hizo mucho caso ya que siguió viviendo y trabajando sin decir nada a nadie, así murió como vivió, sin molestar y trabajando hasta el último minuto.

Desde ese sorprendente grupo humano que somos la Cofradía del Txuletón le vamos a echar cada día de menos, le queríamos y respetábamos todos, cuando él faltaba las comidas no eran iguales.

Y es que como si fuera nuestro maestro y tutor siempre tenía la voz más equilibrada del grupo, siempre controlaba la situación, siempre nos mostraba su humildad, su siempre sorprendente curiosidad…

Objetivo siempre de las cámaras y las TV en todos nuestros viajes, José Mª está en las retinas y el corazón de todos los españoles.

Me encantaba cuando decía “cómo grita este Isidro…” siempre me hacía reír, nunca hablaba mal de nadie pero nos dibuja a la perfección a todos, observador sin límites, inquieto, muy inteligente y muy culto…

Fueron tantos los momentos que vivimos juntos que es imposible poner aquí todas las fotos que le hice, pero no puedo dejar de poner algunos de nuestros mejores momentos…

En el país vasco, su tierra, se le iluminaban los ojos y el alma, en una mesa como la de Saizar entre la sidra y las viandas de la tierra pasamos grandes momentos…

Kepa Junkera quiso fotografiarse con él mientras nos regalaba sus armonías…

Abrir la temporada de la sidra fue uno de esos preciosos momentos en el que le inmortalicé ante un ejercito de periodistas, con la sidra que llevaba en la sangre por su naturaleza vasca.

Al lado de Fernando Romay parecía pequeño a pesar de ser un hombre de estructura poderosa…

Pero ante las chuletas de José Portas y Carlos Ronda jamás se hizo pequeño, las disfrutaba y mucho y daba gusto verle comer, lo que yo reconozco no era capaz…

Tocamos muchos lugares de España y en todos lados le quería la gente…

Tantas y tantas conversaciones sobre música y la barbería de Ramoncín que compartían, tantos recuerdos y buenos momentos que no voy a olvidar.

Y siempre regalaba esa foto que todo el mundo le pedía…

Aquellos viajes en el que podíamos llegar a reír tanto que no podíamos levantarnos al llegar a destino y donde el maestro aprovechaba para echar un sueñecito, aguantarnos debía ser para él complicado.

Y entre unas y otras mesas y chuletas y chuletas el maestro siempre nos ilustraba e iluminaba…

Y todos queríamos sentarnos junto a él, cuando yo llegaba tarde siempre me decía, “he perdido el sitio junto al maestro”…

Algunos momentos han quedado guardados para nosotros, son privados, son los momentos de la Cofradía…

Y en las cenas de navidades guardaremos para siempre la silla del maestro, sabemos que vendrá a celebrar con nosotros esos días que terminan un año y dan comienzo otro que esperábamos con ganas.

Fotos como esta que le hice junto a Portas serán recuerdos que guardaremos cada uno de nosotros con todo el cariño del mundo y es que José María era como un padre más, para algunos que no tuvimos el que nos merecíamos más que para otros pero todos le queríamos como a un padre.

Su sonrisa siempre nos demostró el humor que tenía y las enormes ganas de vivir de la que siempre haremos gala sus amigos.

Trabajar con él siempre fue un autentico placer, su energía, su capacidad de trabajo, incansable…

Grabamos muchos programas para Aquí la tierra, visitando los mejores restaurantes y estar a su lado esos días fue siempre un honor, siempre aprendiendo del maestro.

Días mágicos como en el que el Restaurante El Pradal le regaló su cuchillo personalizado con su nombre, ahora queda en la vitrina de este gran restaurante como recuerdo de aquellas carnes que aquí comió y disfrutó tantas veces.

Y es que siempre teníamos excusas para pasar un buen rato junto al maestro.

Siempre apoyó a los cocineros y cocineras de nuestro país y en el programa Aquí la tierra le permitió hacerlo con más fuerza desde RTVE, la TV para que le siempre trabajó en unos y otros programas. Recuerdo rodajes como los grabados con la chef Begoña Fraire, Le encantaba apoyar a las pocas mujeres cocineras que hay en el país, darles el reconocimiento que se merecen, y esa mentalidad es la que me fascinaba de él, siempre la mente abierta.

Como buen vasco sabía comer bien y disfrutaba con nosotros de la cocina de los grandes parrilleros como Gregorio Tolosa, esa gran persona que seguro nunca le olvidará.

Y como buen vasco le gustaba ver y saber de los productos que comía…

Y tantas y tantas fotos de tantos y tantos buenos ratos que guardo para siempre en mi archivo, quiero que este homenaje de cariño y admiración quede para su familia, aunque estoy seguro que tienen miles de fotos de nuestro maestro, pero estas son muy especiales y creo que se puede ver en cada una de ellas lo mucho que le queríamos y seguiremos queriendo. A ellos todo mi cariño y muestras de dolor, ellos son los que sin duda saben la gran persona que se nos va. Dejo mi foto preferida para el final, me la hizo un fotógrafo en Euskadi, recuerdo muy bien nuestra conversación pero tenéis que perdonarme esta conversación era y será privada para siempre, queda pendiente continuarla cuando me reencuentre con mi amigo y maestro D. José María Íñigo, un modelo de ser humano, de profesional y de amigo, allí donde estén las buenas personas si me dejan entrar seguiremos nuestras charlas interminables, seguiremos disfrutando de la chuletas de José Portas y Carlos Ronda y seguiremos viviendo…