Tendría que mirar lejos, muy lejos, para recordar mis primeros pasos en Asturias, donde nació mi querida madre y cuya sangre del norte corre por mis venas como un torrente. En mi último viaje fui a ver a esa familia que adoro y respeto, los Manzano, elevando la vista desde El Fitu, en el vecino municipio de Parres, el mirador más famoso de todo Asturias y que ofrece impresionantes vistas sobre Colunga, el mar Cantábrico, la Sierra del Sueve y los Picos de Europa, llegando a verse a veces hasta la ciudad de Gijón.

Un espectáculo digno de admirar que te quita la respiración y que en invierno, con nieve en las cumbres, adquiere su momento más mágico. Siempre digo que la experiencia en Casa Marcial empieza al llegar al parking, el parking con las mejores vista del mundo.

Con sus, más que ganadas a pulso, tres Estrellas MICHELIN y una Estrella Verde, Casa Marcial no ha parado de evolucionar y hacer cambios a la casona inicial pero sin abandonar su autenticidad y esencia de territorio.

Con esa esencia la familia Manzano presenta en sala su menú Nordeste: El Fitu, un nombre bien apropiado que mira en proyección la extensión de su criterio gastronómico, la historia de su camino, el de Sandra, Esther, Chus y Nacho Manzano

Empieza este menú inspirador con Caldo ahumado de llámpares (llamadas en otras latitudes como lapas), la memorable y reconocida Croqueta de jamón `Casa Marcial´, el Crujiente de mejillón acompañado de crema de codium y perejil, y la Cuajada de apio, algas, pepino y granizado de acederas. El primero de sus viajes desde las montañas hasta el mar.

Cuatro memorias gustativas nítidas, fiel a la cocina de esta casa, donde cada sabor está en su sitio, donde se identifica cada uno de ellos en capas emocionantes y en cuatro propuestas, Judías a la brasa, esencia de merluza y champiñón, Bogavante curado, fruta de hueso, caldo de hierba luisa y anisados, Trucha en aroma de su hábitat, jugo primaveral y levadura, y Jugo de berzas con cerdo, pencas y navajas.

Si en los aperitivos el croqueta marcaba una creación mítica de Casa Marcial en los principales aparecen otros dos platos que ya son leyenda aquí, las fabes y el Pitu, que tienen que evolucionar para que los chefs y su equipo no se aburran, aunque la gente insista en pedir esos platos emblemáticos. Así empezamos con un divertido Jabalí y su destrozo, que en territorios rurales se sabe bien lo que significa, destroza las fabes, el maíz y todo lo que pilla en huertas, así lo ponen en el plato con un jugo de jabalí. Le sigue un plato de temporada, Ventresca de bonito asado a la brasa, tomate y hierbas de la huerta, una auténtica delicia. Y termina con su gran Pitu guisado al estilo de mi madre, su cresta crujiente, escabeche y hierbas marinas, acompañado de pasta rellena de sus menudillos.

El postre llega con cuatro propuestas donde maíz, leche de vaca y yogourt de cabra dibujan de nuevo los paisajes de los Picos de Europa, será con una Fayuela crujiente de maíz y sal, una Piel de cereal con nata fresca, una Nata, tofe de keffir, yogurt de cabra, helado de keffir y oxalis, finalizando con un Maíz fresco, fermentado y asado, mole, chocolate y mantequilla.

El sumiller Joan Manclus Ausina fue el responsable de la equilibrada y acertada armonía donde joyas de nuestro país y del mundo se citaron en las copas, terminando con un curioso destilado de queso Gamonéu originario de Picos de Europa que firman Nacho y Esther Manzano con etiqueta de Casa Marcial.

Al terminar no cometáis el error de tomar el café, infusiones y copa final en la sala, si el tiempo lo permite disfrutad de su jardín con el fondo de los Picos de Europa, creado por Fernando González, un excepcional paisajista que se graduó en Paisajismo por la Universidad de Greenwich, en Londres, y que fue nombrado uno de los 50 estudios de paisajismo más innovadores del mundo por la editorial Thames and Hudson.

Me marcho con pocas ganas, me quedaría charlando con Nacho y sus hermanas hasta llegar la noche si pudiera, son la calma y la bondad, algo que hace mucha falta hoy en día. Me voy recordando todo lo bello de esta bucólica aldea de La Salgar, situada a tres kilómetros de la villa de Arriondas en el Concejo de Parres, donde en el principio de los tiempos Casa Marcial fue la tienda y llagar de la abuela Herminia, después el bar-tienda de Marcial, el padre, y más tarde se convirtió en la casa de comidas por encargo en la que Olga, su madre, guisaba el famoso pitu de caleya que hoy perdura en esencia. En 1993 se abrió Casa Marcial en la casa en la que los hermanos Manzano nacieron, hoy las cosas han cambiado mucho pero la naturaleza, cariño y amor de esta familia sigue intacto.