Corría 1987 cuando mi actividad frenética me tenía en Barcelona de forma constante, mis visitas a lo más nuevo de la ciudad en restaurantes era constante, la capital catalana bullía de modernidad, en ese año nació de la mano de Rosa María Esteva Tomás Tarruella el que fue la sorpresa absoluta en la Ciudad Condal, el restaurante Tragaluz. Recuerdo muy bien la sensación del primer día, lleno de luz, inspiraba modernidad, el cambio deseado, un adiós sin mirar atrás al pasado. Hoy 38 años después el Grupo Tragaluz tiene locales en Barcelona, Costa Brava, Mallorca y Madrid. El cuarto local en abrir en Madrid ha sido precisamente Tragaluz Madrid, en un local precioso, muy amplio y con un espectacular jardín, en pleno barrio de Salamanca, será otro éxito garantizado del grupo que nos da grandes recuerdos a los que conocemos su primer local con este nombre desde hace tantos años.

En su carta la frescura de sus platos es evidente, originales propuestas sin olvidar a grandes clásicos de la cocina internacional y marcadamente mediterránea, ellos le llaman italiano-mediterráneo. Comenzamos con sus Croquetas de Jamón Ibérico y pollo, seguimos con un Crudo de Pez Limón al aceite de oliva virgen, y un Maccheroncini con hinojo, kalamata, tomate semiseco, burrata y limón.

Como principal un Rodaballo con piparras, chalotas y salsa Martini me parece la mejor sugerencia, hoy…

Y para el postre un impecable Coulant de pistacho con helado de nata, que marcará el momento final de las comidas y cenas de esta nueva aventura del grupo catalán que triunfa allá donde va.

No es un local para los tragones que van a llenar el buche, yo hace muchos años que considero que el ser humano del primer mundo come mucho más de lo que necesita y se merece, así que no haré yo una crítica negativa a los locales que me dan exactamente lo que quiero comer. Muy agradable desde el personal a la propuesta gastronómica y al buen gusto de la ambientación del local.